Radio Guarachita y Radhamés Aracena: la emisora que sostuvo la bachata
Durante veinte años, casi la única forma de oír bachata en la radio de Santo Domingo fue Radio Guarachita. Cómo la montó Radhamés Aracena, cómo funcionaba su imperio y por qué los músicos lo recuerdan a la vez como salvador y como explotador.
equipo aprendebachata ·
Si hubo un hombre decisivo en la historia temprana de la bachata, ese fue Radhamés Aracena. Su emisora, Radio Guarachita, llevó la música de guitarra dominicana a todo el país cuando las grandes radios la ignoraban. Casi todos los bachateros importantes grabaron alguna vez en su sello. Y casi todos se quejaron de lo poco que les pagaba.
En la breve historia de la bachata ya contamos lo esencial. Aquí ampliamos con lo que recogió Deborah Pacini Hernández, que pasó horas en la emisora en 1986 y 1987 y entrevistó largamente a Aracena.
De locutor a «pulpo» del disco
Aracena nació en Santiago en 1930 y llegó de niño a la capital. A los 18 años entró de locutor en HIN, La Voz del Trópico. Después pasó por HIZ y por HI5K. Allí vio que el mediodía estaba vacío y pidió esa franja. Su programa se llamaba «La campana comercial», por la campana que tocaba para animarlo.
En 1955 empezó a dirigir otra emisora, Onda Musical. Puso una condición: cobrar en tiempo de antena y poder cambiar la forma de locutar. Metió sonidos en la cabina, recibió peticiones por teléfono y animó la voz. Al principio pareció de mal gusto; hoy se le considera el padre del disc-jockey dominicano moderno.
Ese mismo año abrió una pequeña tienda de discos cerca de la calle El Conde: la Guarachita, diminutivo de guaracha. Había empezado con un truco. Un disco de Pedro Infante arrasaba en la radio y nadie tenía derechos para venderlo. Aracena escribió al sello mexicano con el papel de la empresa de su padre y consiguió la distribución a crédito.
Después llegaron sellos de música colombiana y ecuatoriana, cubana, puertorriqueña y, por fin, grandes compañías como RCA. En 1959 su tienda ocupaba un gran local en El Conde. «Nos convertimos en un pulpo», resumió. A finales de los cincuenta presentaba un programa llamado «Canal Cero». Su eslogan se burlaba de la televisión de los Trujillo: un canal donde no se ve nada y se oye todo.
El hombre que no quería grabar bachata
Hay una ironía en esta historia. Al principio Aracena no quería saber nada de la música de guitarra hecha en el país. Hacia 1962 José Manuel Calderón le pidió que pusiera «Lágrimas de sangre». Se negó: le parecía un disco malo, mal grabado y mal cantado.
El primero en programar con regularidad esos discos fue otro locutor de La Voz del Trópico: José Tabar Asilis. En antena se le conocía como «Charlie Charlie». El propio Aracena lo reconocía: ahí estaba el origen de la bachata en la radio. Cuco Valoy hizo algo parecido desde su emisora, Radio Tropical, y su sello financió a músicos sin recursos.
Aracena vio pronto que esos discos se vendían mejor que los suyos. Aparcó sus gustos y empezó a grabar músicos de guitarra dominicanos, aunque intentando que sonaran «refinados». Entre los primeros estuvieron Los Hermanos Veloz, Inocencio Cruz y Fabio Sanabia, «el Policía». Más tarde fichó a Luis Segura, que grabó quince LP con él.
Cómo nació Radio Guarachita
En 1963 Aracena dejó Canal Cero y prometió volver con emisora propia. Pasó meses escuchando de noche radios colombianas y tomando nota de sus jingles y eslóganes. Compró en Puerto Rico un transmisor de segunda mano y lo instaló a finales de 1964. Tenía cinco kilovatios; la mayoría de las emisoras de la capital, uno.
Eligió el 690 de la onda media porque estaba libre de interferencias. Durante cuatro meses emitió música sin locutores ni anuncios, ampliando poco a poco el horario. El misterio creó expectación. Según su relato, la emisora salió oficialmente con locutores y anuncios en marzo de 1965. La guerra de abril la dejó fuera de juego y volvió a emitir en 1966.
Esas fechas matizan la que circula a menudo, también en esta web: el 1 de abril de 1965. No conocemos la fuente de ese día exacto. Lo seguro es que la emisora arrancó en 1965 y que su gran etapa empezó tras la guerra civil.
Una radio para la gente del campo
Al volver en 1966, Aracena había entendido algo. La clase media prefería el merengue de orquesta y la música internacional. Los migrantes rurales pobres, en cambio, querían la música de guitarra local. Así que dedicó la emisora a la música de guitarra dominicana. La programación lo dejaba claro:
| Hora | Qué sonaba | Para quién |
|---|---|---|
| Desde las 5 de la mañana | Viejos éxitos mexicanos y colombianos | Campesinos que madrugaban |
| Mañana | Bachata de su propio sello | Migrantes de la capital y del campo |
| Mediodía | Música instrumental «de buen gusto» | Según un estudio de 1975, para que las empleadas domésticas no tuvieran que cambiar el dial cuando los señores volvían a comer |
| Tarde | Música de guitarra local, algo de música mexicana y merengue típico | Público general |
| Noche | Peticiones de los oyentes | Quien llamaba y se identificaba |
Toda la música que sonaba era de Aracena o la distribuía él, y se vendía en sus tiendas. La radio, para él, era sobre todo un escaparate.
Servicios públicos, saludos y radioteatro
Lo que hizo leales a sus oyentes fueron los «servicios públicos»: avisos gratuitos para localizar a familiares. En los sesenta apenas había teléfonos en el campo. Si alguien enfermaba o moría, o un recién llegado no encontraba a sus parientes, la emisora lo anunciaba. Eran ayuda real y, a la vez, entretenimiento: medio chisme, medio telenovela.
El estudio estaba en el centro, cerca de la zona comercial popular y de las paradas de autobús. La consola del locutor no estaba encerrada en una cabina, sino sobre una tarima en un «radioteatro» de unas cien sillas. Allí tocaba los domingos el acordeonista Tatico Henríquez. Allí hacían cola los visitantes para mandar saludos a sus familias, una costumbre muy rural llevada a la radio.
En 1987 la autora vio el sorteo de un concurso de adivinanzas. Habían llegado unas 20.000 cartas de todo el país, y Aracena decía que antes llegaban el triple o el cuádruple. El eslogan de la emisora hablaba de una gran familia de un cuarto de millón de oyentes. Hasta mediados de los ochenta no emitía noticias.
Un imperio en una casa
Aracena controlaba todo el ciclo: grabación, prensado, radio y venta. Grababa en su casa de El Paraíso, un barrio acomodado de Santo Domingo. Los músicos esperaban fuera, bajo la marquesina, a veces durante horas. Para subir al estudio cruzaban el salón familiar y tenían que descalzarse en la puerta, aunque la familia y el servicio iban calzados.
El estudio era una habitación normal, con estanterías de discos y unas alfombrillas para absorber el sonido. Aracena defendía ese eco: decía que distinguía sus discos. Él mismo colocaba los micrófonos. Grababa a todo el grupo a la vez y pasaba a máquina las letras, corrigiendo gramática y regionalismos. Algunos músicos lo odiaban; otros lo veían como un maestro.
Leonardo Paniagua llegó al estudio tocando las maracas para otro cantante. Aracena, harto de los fallos de aquel, le pidió que cantara algo y dejó la grabadora encendida sin decírselo. Lo publicó tal cual. Así empezó una carrera larguísima.
Los discos se prensaban en su fábrica, cerca de la avenida Kennedy. Después se vendían en sus tres tiendas: dos en la capital y una en Santiago. Su esposa, Doña Zuni, llevaba las cuentas y dio nombre a uno de sus sellos.
La otra cara: pagos mínimos y sin derechos
Aracena nunca revelaba cifras de ventas, y tenía motivos. Pagaba a los músicos una cantidad fija por grabación y ninguna regalía. Un músico contó que sus acompañantes cobraban tres pesos y medio por un sencillo. Casi todos los entrevistados lo describían como un empresario sin escrúpulos. Luis Segura decía que nunca pagó bien y que se hizo rico con esa música.
Pero todos reconocían lo mismo: sin Radio Guarachita no había difusión nacional. La autora lo describe como una relación de patrón y cliente muy dominicana. Se explota al subordinado, pero se le mantiene leal con favores personales.
Fuera de Guarachita: la economía del 45
Aracena no estaba solo. Desde finales de los sesenta surgieron sellos pequeños: Discos José Luis (1966), Discos Negra de «Mamita» (hacia 1967), Discos Unidad (hacia 1972), RM Records de Rafael Mañón (1977) y Discos Marisol. Casi todos sus dueños empezaron vendiendo discos por la calle.
- El formato era el sencillo de 45 revoluciones. Solo los consagrados sacaban LP. La autora encontró un disco con una cara a 45 y la otra a 33.
- No había contratos largos. Un productor podía tener los derechos del sencillo y otro los del LP de la misma canción.
- Las copias eran habituales. Tras el éxito de «Amarilis» de Tony Santos, Guarachita sacó la misma canción cantada por Solterito del Sur.
- Todo se vendía en puestos callejeros que se montaban cada día, sobre todo en la avenida Duarte. Las grandes tiendas no querían bachata.
- A los puestos, la bachata les llegaba a crédito, en consignación o incluso por trueque. El merengue y la salsa solo se compraban al contado.
La autora ve en esa red algo más que precariedad. Era una economía casi autónoma que permitió participar en el negocio a quienes el sistema dejaba fuera.
El declive
A finales de los ochenta los mejores músicos se fueron con productores que pagaban más y grababan mejor, como José Luis o Rafael Mañón. En 1987 la emisora se mudó a un polígono industrial a las afueras, sin radioteatro. En 1988 pasó a la FM, pero con el equipo antiguo. Cuando las grandes FM empezaron a poner bachata en los noventa, su ventaja desapareció.
En 1994 ninguno de los bachateros que triunfaban grababa con Guarachita. La autora advertía de otro peligro: casi nada de la bachata anterior a 1990 se había reeditado. Fuera del archivo de Aracena, buena parte de esa historia grabada podía perderse.
Por qué te importa si bailas
Muchas bachatas clásicas que aún suenan en las sociales de tradicional se difundieron gracias a esta emisora. Piensa en Luis Segura o Leonardo Paniagua. Si las bailas, estás bailando música que sobrevivió en un circuito de radio AM, puestos callejeros y velloneras. Y conviene recordar que quienes la grabaron casi nunca cobraron por lo que hoy disfrutas.
Fuentes
- Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. xiii, xvii, 56–61.
- Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. 83–101, 111–114, 215–216.
Preguntas frecuentes
¿Qué era Radio Guarachita?
La emisora de Radhamés Aracena, en el 690 de la onda media. Desde 1966 se dedicó a la música de guitarra dominicana y durante años fue casi la única radio de la capital que ponía bachata. Formaba parte de un grupo con estudio, sello, fábrica de discos y tiendas.
¿Cuándo empezó a emitir Radio Guarachita?
Según el relato de Aracena recogido por Pacini Hernández, hizo emisiones de prueba desde finales de 1964 y salió oficialmente en marzo de 1965. La guerra civil de abril la interrumpió y volvió a emitir en 1966.
¿Por qué se critica a Radhamés Aracena?
Porque pagaba a los músicos una cantidad fija mínima por grabación, sin regalías, y nunca revelaba cifras de ventas. A la vez, su emisora era la única vía de difusión nacional para muchos bachateros.
¿Cómo se vendían los discos de bachata?
Hasta 1990, sobre todo en sencillos de 45 revoluciones en puestos callejeros de zonas populares, como la avenida Duarte de Santo Domingo. Las grandes tiendas no querían venderla. También sonaba en las velloneras de colmados y bares.