Güira. Un cilindro de acero que se raspa con un peine. Es el instrumento ideal para que un principiante distinga las tres partes de la canción: en el derecho da ocho golpecitos suaves por compás (dos corcheas por pulso); en el majao raspa de arriba abajo tres negras fuertes y calla en el 4; en el mambo son tres golpes por pulso, un «chachachá» cuatro veces. Entre parte y parte hace un repique que avisa del cambio: para quien baila, un regalo.
Bongó. Dos parches: el macho, pequeño y agudo, dibuja el ritmo fino; la hembra, grande y grave, da el golpe abierto que en el derecho cae en el 4 y en el 8. Ese golpe es la referencia del tap.
Bajo. Sostiene la armonía con su tumbao: raíz en el 1, anticipación en el «y» del 2, quinta en el 3 y raíz otra vez en el 4. Escuchado solo se oye lo que lo define: en el 2 no toca, y ese hueco es el tumbao.
Guitarra (segunda). El rasgueo que rellena el espacio entre la güira y el bajo y fija el acorde, casi como en el bolero.
Pasos. No son un instrumento, pero Évelyn «La Negra» los enseña como si lo fueran en su formación de profesores: relacionando la pisada con el patrón de cada instrumento, no con números vacíos. Tres negras y un silencio de negra en el 4, o tres negras y dos corcheas, que es lo mismo que decir «1, 2, 3 chacha». La música dirá cuándo toca cada cosa.
Requinto. La guitarra solista, la que canta la melodía entre frase y frase y se queda casi sola en el mambo. La tienes en cualquier canción de la lista de bachata auténtica.