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Historia de la bachata

La bachata nació bolero en Santo Domingo en 1962, sin nombre propio, y tardó una década en ser un género. Fue despreciada, censurada en la radio y salvada por una emisora; se modernizó en los ochenta, conquistó el mundo en los noventa y en 2019 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad.

Equipo aprendebachata·Última actualización:

Esta es la historia larga, contada por épocas. Sale sobre todo del dossier del curso de formación de Évelyn «La Negra», que reúne libros, prensa dominicana, entrevistas y programas de radio y televisión, y se cruza con la investigación de la antropóloga Deborah Pacini Hernández. Si tienes prisa, está la breve historia de la bachata; para ir más a fondo en cada tema, enlazamos los artículos de la serie de historia.

Un aviso antes de empezar: la bachata tiene tantos protagonistas como versiones. Casi todos se presentan como el creador, el modernizador o el pionero de algo, y a falta de pruebas muchas veces es la palabra de uno contra la de otro. Por eso aquí, cuando hay versiones distintas, se cuentan todas.

1879–1960 · Los abuelos cubanos

La bachata es un género cien por cien dominicano, pero sus antecedentes son cubanos. Entre finales del siglo XIX y mediados del XX, Cuba fue un hervidero de ritmos nacidos del cruce de lo africano y lo europeo. En Matanzas, en 1879, Miguel Faílde presenta el primer danzón, «Las alturas de Simpson»; en 1883 José «Pepe» Sánchez compone en Santiago de Cuba el que se considera el primer bolero, «Tristezas»; hacia 1920 se consolida en Santiago el son, con Miguel Matamoros a la cabeza; y en 1929 llega el danzonete.

Después vendrán el mambo, el chachachá de Enrique Jorrín, la pachanga de Eduardo Davidson (más bailada en Nueva York que en Cuba), el boogaloo neoyorquino de 1963 y, a partir de ahí, la salsa. Tantos ritmos, tan nuevos y tan seguidos, que aparecían, se mezclaban y desaparecían en pocos años. La bachata se alimentó de ese caldo, pero de todos sus parientes cubanos hay uno que pesa más que los demás: el bolero.

1883–1950 · El bolero, el gran padre

La bachata es hija de la fusión: del bolero y el son cubanos, de la guaracha, del merengue y de las rancheras mexicanas. Pero si hay que elegir un padre, es el bolero. Ojo: el bolero antillano, el cubano, no la danza española del siglo XVIII que comparte nombre, con la que no tiene nada que ver ni en compás, ni en estilo, ni en instrumentos, salvo la guitarra. El bolero cubano lleva dentro el cinquillo, una célula rítmica de origen africano que el español no tenía.

Nace en el oriente de Cuba, entre trovadores que mezclaban la canción con sones y guajiras. De ahí sale pronto el bolero-son, el primero de una larga lista de subgéneros, empujado por Miguel Matamoros. Su «Lágrimas negras» se compuso en la propia Santo Domingo, hacia 1930, durante una de sus giras por la República Dominicana, donde era tan popular que llegó a ir cuatro veces.

Al bolero-son le siguieron el bolero ranchero, el moruno, el bolero-mambo, el bolero-chá, el bolero tango y el bolero cantinero o rocolero de Perú y Ecuador. Hay historiadores que consideran la propia bachata un subgénero más del bolero, y escuchando las bachatas de los sesenta no les falta razón. Fueron los años los que le dieron categoría de género propio.

En la edad de oro del bolero, la Sonora Matancera reunió a los mejores boleristas del continente, del puertorriqueño Daniel Santos al dominicano Alberto Beltrán. La radio y la televisión hicieron el resto. Y junto al bolero orquestado surgió el bolero rítmico, mucho más bailable.

1940–1960 · Tríos, rancheras y guitarras de toda América

De todos los formatos del bolero, el que más influyó en la futura bachata fue el de trío. En la República Dominicana sonaban sobre todo el Trío Matamoros y Los Compadres, desde Cuba, y los tríos mexicanos, con Los Panchos a la cabeza: se formaron en Nueva York en 1944, con dos mexicanos y un puertorriqueño.

México, gracias a su cine, fue después de Cuba el país que más hizo suyos el danzón y el bolero, y el gran altavoz de los ritmos cubanos en América Latina. De allí llegó también el bolero ranchero, que cuenta la leyenda que nació de un error: en 1949 la orquesta no llegó al estudio donde Pedro Infante iba a grabar «Amorcito corazón», y Rubén Fuentes le propuso grabarla con el mariachi que estaba allí.

En los años cincuenta, las radios dominicanas ponían además boleros de guitarra puertorriqueños, de Tommy Figueroa o Odilio González, «El Jibarito de Lares», y música de guitarra de toda Sudamérica: pasillos ecuatorianos, valses peruanos, el bolero cantinero de Julio Jaramillo. El público no distinguía tanto estilo y lo metía todo en un mismo saco: «música de guitarra». De ahí viene el nombre más amable que tuvo la bachata en sus comienzos. Las raíces, con detalle, en las raíces de la bachata.

1930–1961 · Trujillo y el merengue

Durante treinta años, el dictador Rafael Leónidas Trujillo convirtió el merengue de orquesta en el baile nacional, controló la radio y la grabación y no dejó que los músicos humildes pisaran un estudio profesional. Hasta su asesinato en 1961 no había sitio para una música como la que vendría. Lo contamos en música y dictadura.

1962 · La primera bachata, que era un bolero

El 30 de mayo de 1962, José Manuel Calderón y el trío Los Juveniles graban en los estudios de la emisora La Voz del Trópico «Condena / ¿Qué será de mí?», de Bienvenido Fabián. Esa fecha se toma como el nacimiento del género, que todavía no tenía nombre. En su libro escrito con la periodista Marivell Contreras, «El primer bachatero del mundo», Calderón lo dice sin rodeos: antes de él no hubo otro; la bachata, dice, es él.

Nadie le ha llevado la contraria en casi sesenta años, y razones tiene. Fue el primero que pagó de su bolsillo su disco, el primero en triunfar en las emisoras y el primero en vender más de 8.000 copias, con conciertos en Puerto Rico y Nueva York, y animó a otros jóvenes a grabar. Pero su canción era un bolero: no tenía el patrón rítmico de la bachata de hoy y ni siquiera llevaba güira, sino maracas. La güira llegó en grabaciones posteriores del mismo tema.

Hay más detalles curiosos. La canción ya la había grabado antes Elenita Santos con su título original, «Condena»; Calderón le puso como nombre su primer verso, porque así se la pedía la gente, lo que no le sentó nada bien al compositor, y por eso circula con los dos títulos. Y el primer disco de la bachata, un 45 revoluciones, llevaba en la cara A ese bolero y en la cara B «Borracho de amor», un vals. Ninguna de las dos era una bachata, porque la bachata todavía no existía como música: era una fiesta.

¿Por qué es entonces la primera bachata? La conclusión de Évelyn es que, a partir de esa canción, los artistas dominicanos humildes perdieron el miedo a grabar lo suyo, con sus errores técnicos, sus desafinaciones y su forma de hablar, y fueron ganando ese «dominicanismo» tan característico. Hacía falta un punto de partida, y el 30 de mayo de 1962 fue el elegido. El gran requintista Edilio Paredes, en la bachata desde 1963, siempre ha defendido lo mismo: las canciones de guitarra que se hacían en su país a finales de los cincuenta y principios de los sesenta eran, sobre todo, boleros.

1962–1970 · Cómo un bolero se volvió bachata

Calderón nunca dijo «voy a grabar una bachata»: quiso grabar un bolero. Su falta de estudios musicales, que él mismo reconoce, hizo que para los músicos de conservatorio aquello fuera un bolero mal hecho. Pero al público le encantó. Los géneros no cambian de un día para otro: cambian con la sociedad, la economía, la técnica y la forma de hablar de un pueblo. En la bachata, esto fue lo que se transformó:

  • El bongó dejó de seguir los patrones del bolero, muchas veces por desconocimiento.
  • Las guitarras acortaron las notas y aceleraron para que se pudiera bailar.
  • La güira sustituyó a las maracas, con un patrón enriquecido por el merengue.
  • Las voces se volvieron más nasales, agudas y quejumbrosas: el «quejaíto» o «lloraíto azucarao».
  • Las letras usaron la jerga del barrio y, en lugar de ensalzar a la mujer como el bolero, empezaron a despreciarla. De ahí el otro nombre: canción de amargue.

Por eso a la bachata de esos años también se la llamó «bolerito de guitarra», un nombre que le sienta mejor a lo que se hacía entonces.

Siglo XX · La palabra: de fiesta a género

Hoy la definición no deja dudas: la bachata es un género musical y de baile dominicano, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el 11 de diciembre de 2019. Pero la palabra pasó por varios significados antes. En el «Vocabulario cubano» de Constantino Suárez, de 1921, bachata es juerga, jolgorio, parranda o broma, y «bachatear» es estar de broma; así se usaba en Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana.

En la segunda mitad del siglo XX, «bachata» pasa a ser la fiesta en el patio de una casa de barrio, donde se bebía, se bailaba y músicos que habían aprendido solos tocaban boleros, sones, guarachas y merengues con lo que hubiera a mano, como cuenta Alejandro Paulino Ramos en «Bachata y son en Santo Domingo». Y a principios de los setenta, la palabra acaba nombrando la música. Fue fiesta, juerga, reunión y, por fin, género. La historia de la palabra, en qué significa «bachata».

Años 60 · La primera generación, sin nombre

Mientras fue un embrión, aquella música tuvo muchos nombres. Los amables: bolerito de guitarra, música de guitarra, música de vellonera. Luego llegó «canción de amargue», que acabaría siendo el gran apellido del género. Y los peores: música de guardia, música de cuero (como se llama en la República Dominicana a las prostitutas) o cachivache, un trasto inútil. Así expresaban su desprecio los músicos con estudios y la alta sociedad.

Tras treinta años de dictadura, la libertad de movimiento trajo una emigración masiva del campo a la capital, y con ella un cinturón de pobreza alrededor de Santo Domingo. Ramón Torres lo cantó con resignación socarrona en «De Higüey a la capital». La bachata es un fenómeno urbano, no del campo, pero fueron esos campesinos emigrados quienes la consumieron en los barrios y, más tarde, la llevaron en la maleta a Estados Unidos. El contexto, en del campo al barrio.

El éxito de Calderón, sus discos vendidos, sus viajes y su elegancia al vestir animaron a toda una generación: Rafael Encarnación, Inocencio Cruz, Edilio Paredes, Luis Segura, Eladio Romero Santos, Cuco Valoy, Antonio Gómez Sacero, Ramón Cordero, Mélida Rodríguez o Blas Durán. Escuchaban a los boleristas internacionales, guarachas y rancheras, pero se inspiraron sobre todo en el bolero sencillo de guitarra, no en el orquestado. Por eso en los sesenta costaba tanto distinguir sus temas de un bolero.

Años 70 · Censura y Radio Guarachita

En los sesenta los bachateros no estaban vetados: sus discos sonaban y se vendían. En los setenta todo cambia. Ya claramente distinta del bolero, a esta música se le da el nombre de bachata, y se la encasilla como música de prostíbulo, colmado y bar de mala muerte. Edilio Paredes, Calderón y Luis Segura sostienen una teoría: los bachateros empezaron a quitarle público al merengue, el niño mimado desde los tiempos de Trujillo, porque su ritmo y sus letras se parecían más a la vida de la gente.

Paredes ha contado en muchas entrevistas que el nombre se lo debe a quien más la ofendió: según él, el pianista y director de orquesta Rafael Solano dijo en «El show del mediodía», el programa de televisión de más audiencia, que esa música de guitarra no era más que una bachata, música de borrachos y de la peor clase social. Desde entonces casi ninguna emisora se atrevió a ponerla. Los bachateros escondían la guitarra por la calle, muchos se pasaron al merengue para sobrevivir y quien la escuchaba lo hacía a escondidas.

Hubo una excepción: Leonardo Paniagua, que grababa en bachata éxitos de baladistas famosos, como «Chiquitita» de ABBA o «Un beso y una flor» de Nino Bravo, y por eso se le consideraba decente y se le invitaba a la radio y a la televisión. Su «Chiquitita» de 1979 vendió más de 50.000 copias y, aun así, no entró en ninguna lista ni tuvo una sola reseña. Pero la bachata habría muerto en los setenta de no ser por una emisora.

Radio Guarachita (1964–1998)

El locutor Radhamés Aracena ya ponía bachata y perico ripiao en programas como «El 7 a 8» (Onda Musical, 1956) o «Canal 0» (La Voz del Trópico, 1962). En 1964 lanza en pruebas su propia emisora en la AM 690, y el 1 de abril de 1965 empieza a emitir oficialmente. No fue la única que puso bachata: también lo hacían emisoras pequeñas de los pueblos, Radio Tricolor, la Radio Tropical de Cuco Valoy tras la guerra de 1965 o una Radio Popular de los años sesenta. Pero ninguna se le puede comparar.

Guarachita era muchas cosas en un solo edificio: emisora de alcance nacional, taller de reparación de radios, estudio de grabación, fábrica de discos y carátulas y un auditorio de 150 butacas para presentar a sus artistas. Y Aracena tuvo una idea genial: los «servicios públicos», avisos que los campesinos emigrados mandaban a sus familias de un extremo a otro del país, en una época sin teléfono. Así la gente se acostumbró a escuchar bachata y a comprar los discos, que era el negocio.

Por allí pasaron Ramón Cordero, Antonio Gómez Sacero, Fabio Sanabia, Cuco Valoy, Aridia Ventura, Mélida «La Sufrida» o Leonardo Paniagua. La emisora duró hasta 1998, cuando murió su fundador, ya en declive por el teléfono y la FM. Aracena ha pasado a la historia con dos caras: el salvador de la bachata y el empresario que pagaba una miseria a sus artistas. La historia completa, en Radio Guarachita y Radhamés Aracena.

1982–1983 · Los Lunes de amargue y «Pena»

Después de rozar la desaparición, dos hechos le dieron a la bachata un empujón enorme. El primero: Edilio Paredes y su hermano, con Ramón Cordero, El Chivo sin Ley, Aridia Ventura, Olivia Costa o Blas Durán, montaron los «Lunes de amargue», conciertos en directo que tuvieron tanto éxito que otros locales de la capital quisieron repetirlos. Según Paredes, en menos de seis meses ya se tocaba a diario y había más de quince grupos en la ciudad.

El nombre lo propuso la esposa de Ramón Cordero, y la idea era darle la vuelta al insulto: convertir «amargue» en un orgullo. Según el relato que Paredes hizo a Pacini Hernández, el primer local fue el restaurante El Túnel, en la avenida Venezuela, en el barrio obrero de Los Mina. La fórmula se repitió en otras ciudades y la gente dejó de avergonzarse de ir a escucharla o de ponerla en casa.

El segundo: «Pena por ti», de Luis Segura, que sonó no solo en Guarachita sino en todas las emisoras y acabó con la censura en la radio, además de llevar al «Añoñaíto» a llenar locales de la diáspora en Nueva York. El dossier sitúa los dos hechos en 1982; Pacini Hernández, en 1983, cuando habla de la «fiebre de amargue» de la clase media. Se dijo que «Pena» había vendido más de 200.000 copias.

Durante casi dos años, la bachata, rebautizada «música de amargue» para alejarla del estigma, entró en sitios que tenía vetados: Luis Segura tocaba en restaurantes del centro, Tony Santos llegó al Hotel Sheraton y protagonizó los «Viernes de amargue» de una discoteca con piscina de San Cristóbal. La televisión la sacó en sus programas del mediodía, aunque muchas veces para burlarse de ella, y cuando los estudiantes de la universidad pública invitaron a Segura, el decano prohibió un segundo concierto. En 1985 ya había vuelto a la sombra. Esa fiebre, contada a fondo, en la bachata de los 90.

Años 80 · Doble sentido

En los ochenta la bachata se acelera y el doble sentido se apodera de las letras. La moda empieza con Blas Durán a mediados de la década y acaba con Luis Vargas a principios de los noventa, con Tony Santos, El Solterito del Sur o Julio Ángel por medio, dando rienda suelta al humor sexual. Fue tan popular como fugaz: ninguna radio convencional las ponía, pero sonaban sin parar en Guarachita, en las velloneras, en los colmados y en los prostíbulos.

Ni la clase media ni la alta las aprobaban, y tampoco la vieja guardia. En «Bachata, historia y evolución» (2002), Carlos Batista Matos dedica un capítulo, «La bachata obscena», a criticar esa moda y a celebrar que Calderón, Segura, Cordero, Paniagua, Bolívar Peralta o Marino Pérez se mantuvieran fieles al amargue. Los ochenta también lanzaron a Robin Cariño, Teodoro Reyes y Marino Castellanos, que impusieron un ritmo trepidante que sigue enganchando a los bailadores. De qué hablan las letras, en doble sentido, despecho y amargue.

Años 80 · ¿Quién modernizó la bachata?

Es la pregunta con más respuestas de toda la historia de la bachata. Cada una tiene su defensor:

  • José Manuel Calderón: en su libro con Marivell Contreras se dice que fue él quien añadió maracas a las primeras grabaciones de guitarra y requinto, quien las cambió después por la güira y quien llegó a meter bongó, piano y hasta timbales.
  • Luis Vargas: según Batista Matos, con él la base de bongó, guitarra, requinto y bajo acelera el compás, y la güira sustituye a las maracas.
  • Edilio Paredes: su biografía para el sello Iaso Records le atribuye los arreglos que, a mediados de los setenta, hicieron la bachata más rítmica, con güira en lugar de maracas y guiños al son y al merengue en las guitarras.
  • Blas Durán: en una entrevista en El Caribe (2014) se atribuye la guitarra eléctrica, la güira en lugar de la maraca y hasta un trombón, y dice que con ello la bachata saltó de los barrios al malecón. Iaso Records le llama «padre de la bachata moderna».
  • Raulín Rodríguez y Anthony Santos: en diciembre de 2019, Raulín declaró en Diario Libre que los tres que la modernizaron fueron Luis Vargas, Anthony Santos y él; Anthony Santos respondió en Instagram con su propia lista, que empieza por Luis Vargas y Blas Durán.

Hubo además un factor del que se habla menos: la técnica. A mediados de los ochenta, el guitarrista y técnico de sonido Rafael Montilla grabó a Blas Durán con guitarra eléctrica y por pistas separadas, y no todo de una vez como antes. Con Luis Vargas, en «El maíz», la guitarra eléctrica estrenó efectos y pedales, que Vargas se llevó luego a los directos y que copiaron todos. Otros músicos atribuyen la guitarra eléctrica a Jesús Martínez o a Roberto Niño, guitarristas de Blas Durán.

Pacini Hernández aporta detalles que ayudan a ordenar el lío. Blas Durán probó una guitarra electroacústica en «El motorcito» (1985), sin mucho éxito, y en 1987 grabó con sus Peluches «Consejo a las mujeres» como grababan las orquestas de merengue, que es lo que él había aprendido cantando con ellas: primero la base rítmica y después las voces, con guitarra eléctrica, güira en lugar de maracas, bajo eléctrico y tambora. Y matiza que no fue el primero en usar guitarra eléctrica: los hermanos Paredes y Los Macopejes ya lo habían hecho, aunque no en la bachata-merengue.

Durán ya había grabado «Clavelito» en 1969, pero su gran éxito fue «Consejo a las mujeres», que el dossier sitúa en 1985 y Pacini Hernández en 1987. La conclusión de Évelyn es sensata: salieron tan seguidos que probablemente todos aportaban a la vez, como pasó con los ritmos cubanos. El país había perdido el miedo a escuchar bachata y las discográficas que la habían despreciado empezaban a ver negocio. Le faltaba salir al mundo.

Años 90 · La edad de oro

Con «El tomate» (1990), Luis Vargas destrona a Blas Durán con una orquesta de más calidad. Empezó con el doble sentido, pero giró hacia el amor y el amargue cuando su güirero se marchó para grabar en solitario «La chupadera» (1991). Ese güirero era Anthony Santos.

El público también había cambiado. Muchas mujeres habían emigrado por la crisis, mantenían a sus familias y ya no querían canciones en las que ellas eran siempre las malas. Anthony Santos recuperó el romanticismo, volvió a ensalzar a la mujer como hacía el bolero, y con su éxito arrancó una maquinaria que ya no ha parado.

Basta con mirar quién publicó su primer disco en esa década: además de Vargas y Santos, Frank Reyes, Raulín Rodríguez, Joe Veras, Kiko Rodríguez, Yoskar Sarante, El Chaval, Zacarías Ferreira, Héctor Acosta «El Torito», Elvis Martínez o Luis Miguel del Amargue. Y en 1995, unos chavales del Bronx que se hacían llamar Los Tinellers, y que en 1999 serían Aventura.

El momento clave fue «Voy pa'llá», de Anthony Santos (1992). Triunfó primero en los barrios, pero las grandes emisoras de FM no la pusieron hasta que la grabó la orquesta de merengue Las Chicas del Can; cuando se supo que era una bachata, la original entró también en la radio. A finales de 1992 la bachata ya sonaba en las grandes FM. Productores como José Luis y Rafael Mañón cuidaron el sonido, la imagen y las fotos, y dejaron el disco de 45 revoluciones por el casete y el CD. Según José Luis, un éxito medio pasó de vender 20.000 o 30.000 copias en los ochenta a 60.000 o 100.000 en los noventa.

En diciembre de 1993, por primera vez, bachateros y tecno-bachateros compartieron escenario en los conciertos «De Bachata en Bachata», en Santo Domingo y Santiago, con entradas baratas para que fuera todo el mundo. Raulín puso a bailar al público, pero el mayor aplauso fue para Luis Segura, que cantó «Pena» a dúo con Víctor Víctor. La prensa empezó a llamarle «el padre de la bachata». Aun así, en 1994 solo cinco bachateros habían cruzado del todo al gran público: Raulín, Anthony Santos, Luis Vargas, Luis Segura y Blas Durán. Los discos de los demás seguían solo en los puestos de la calle, y Radio Guarachita, que ninguno de los nuevos usaba ya, vivía su declive.

1984–1991 · «Bachata rosa» y el tecno-amargue

Las giras de los bachateros llenaban locales, pero siempre de la diáspora dominicana y latina. El mundo conoció la palabra con «Bachata rosa» de Juan Luis Guerra, el resultado más exitoso de un movimiento llamado tecno-amargue, tecno-bachata o neo-bachata, que tenía detrás a tres nombres de la Nueva Canción dominicana de los setenta: Luis «Terror» Días, Sonia Silvestre y Víctor Víctor.

El primero en tomársela en serio fue Luis Dias, que en 1984 compuso «La perdida», una fusión de rock y bachata, y que llamaba «bachata madre» a la original y «tecno-amargue» a lo que hacían ellos. Hacia 1989 Sonia Silvestre grabó con sus canciones «Quiero andar»: vendió menos de 5.000 copias, pero que una cantante seria hiciera bachata abrió puertas. Ese mismo año, Juan Luis Guerra convirtió en canción una melodía que había arreglado para un anuncio de ron, y la empezó como bachata lenta: «Como abeja al panal». «Bachata rosa», terminado en 1990 y publicado en 1991, vendió más de 3,5 millones de copias y ganó un Grammy en 1992. Sonia Silvestre lo resumió con gracia: las bachatas de Juan Luis eran «rosas» y las suyas, «rojas».

Frente a la bachata de barrio, ellos traían letras más poéticas, voces dulces y mezcla con pop, rock, soul, blues, balada y mucho bolero-son. Lo de «tecno» venía de los sintetizadores, los secuenciadores y los efectos electrónicos. El tecno-amargue duró poco, pero fue el gran empujón internacional e hizo de Juan Luis Guerra uno de los artistas latinoamericanos más influyentes del mundo. Y aun así, buena parte de los bachateros no le considera uno de los suyos: para ellos, ser bachatero no es solo cantar bachata, es un estilo de vida, y el de Guerra está muy lejos de la bohemia que rodeó a casi todos los bachateros del siglo XX.

Para Évelyn, tanto la bachata que entonces se llamó moderna como el tecno-amargue hicieron evolucionar el género, y entre los dos consiguieron que en los noventa el mundo entero se pusiera a bailar bachata. Lo que ganó y lo que arriesgaba la bachata al salir del margen, en la bachata de los 90.

1999–2011 · Aventura y la bachata urbana

Parecía imposible llegar más alto, pero el siglo XXI trajo a cuatro jóvenes del Bronx, dos parejas de primos y hermanos: Anthony «Romeo» Santos, Henry Santos y los hermanos Lenny y Max Santos. Con Aventura llegó la bachata urbana y el gran boom entre los jóvenes.

Lo cambiaron casi todo. La imagen: fuera las camisas brillantes, los pantalones de pinzas, las botas tejanas y el bigote; dentro la ropa de cualquier chaval de Nueva York. El formato: un grupo, no un cantante con su orquesta. El público, mucho más joven. Las letras: menos amargue y más amor adolescente y problemas sociales de su generación, con spanglish. Y el sonido, porque crecieron con Anthony Santos, Luis Vargas y Raulín, pero también con Michael Jackson, Santana, el hip hop y el R&B. Del disco «Generation Next» (1999) a su separación en 2011, con «Obsesión» conquistando Italia por el camino, abrieron la puerta a toda una oleada de bachata urbana.

2000–2020 · Romeo, Prince Royce y los millennials

Romeo Santos nació el 21 de julio de 1981. Dentro de Aventura y después en solitario se convirtió en el nuevo sueño americano de los jóvenes dominicanos de Nueva York: hacerse famoso cantando y no jugando al béisbol. Tras él llegaron muchos grupos y cantantes, y sobrevivieron los mejores. Xtreme debutó en 2003 con «Te extraño», que se sigue bailando y que hicieron aún más famosa los bailarines Ataca y La Alemana; Toby Love, corista de Aventura, sacó su primer disco en 2006; y en 2010 llegó Prince Royce, con «Stand by me» y «Corazón sin cara», una gira con Enrique Iglesias y Pitbull y colaboraciones con Shakira o Marc Anthony.

En 2020, «Fórmula, Vol. 2» de Romeo Santos recibió el premio Billboard al álbum latino más vendido de la década: un disco de bachata por encima del pop, la balada y el reguetón.

En paralelo, otra bachata reina en las pistas de los congresos y festivales aunque apenas suene en la radio: la de Daniel Santacruz, con un Grammy Latino en 2020, o Vicente García, con varios, tan versátiles como Juan Luis Guerra. YouTube y las redes dieron visibilidad a cantantes sin gran discográfica que conectaron con el público que baila los estilos nuevos, lo que en el baile se conoce como bachata sensual.

La lista de nombres de los 2000 y los 2010 es inmensa: Henry Santos en solitario, Andy Andy, Domenic Marte, Carlos y Alejandra, El Chaval, Grupo Extra, Leslie Grace, Monchy y Nathalia, Joel Santos, Karlos Rosé, Johnny Sky, Pinto Picasso y muchos más, incluidos italianos como Iván Costa o Cosimo. Y un apartado propio para España: desde Sevilla, Dani J, Vicky Corbacho y Dama han llegado al gran público desde las pistas de baile y las redes, y hasta se mueve una «bachata flamenca» de la mano de los DJ.

2015–hoy · La era del remix

A mediados de la década de 2010 los DJ salieron de la cabina y se pusieron por delante de los propios cantantes. Versionar no es nuevo: la bachata nació así, con un tema que ya había grabado Elenita Santos, y Paniagua o los vallenatos pasados a bachata lo demuestran. Pero conviene no confundir dos cosas. Un cover es volver a grabar una canción desde cero; un remix toma la grabación original y la altera con un ordenador, quitando o añadiendo instrumentos y efectos.

La postura de Évelyn es clara: no está en contra de los remixes, siempre que respeten la estructura de la bachata, en compás de 4/4, con su derecho, su majao y su mambo, y con al menos cinco instrumentos básicos, analógicos o electrónicos. Un bongó y una güira que no varían no convierten un reguetón o un pop en bachata, y ponerle un requinto a un trap tampoco. El problema empieza cuando un profesor solo usa remixes para enseñar, cuando el noventa por ciento de lo que suena en los sociales son remixes y cuando el DJ es más idolatrado que los músicos.

La luz al final del túnel son los DJ que se unen a cantantes para hacer buenos covers, y discos como «Utopía» (2019), en el que Romeo Santos juntó la bachata de hoy con los cantantes y músicos de siempre. Si quieres saber qué hace bachata a una canción, empieza por la musicalidad de la bachata: el derecho, el majao y el mambo.

2019 · Patrimonio de la Humanidad

El 11 de diciembre de 2019, la Unesco inscribió la música y el baile de la bachata dominicana en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Llegó casi sesenta años después de aquella grabación de Calderón, para una música que nació en el margen, que se tocaba a escondidas y que tuvo que darle la vuelta a su propio insulto para sobrevivir.

Para seguir · La serie de historia

Cada etapa tiene su artículo, con más detalle y sus fuentes. En orden, para leerlos como capítulos:

  1. Qué significa «bachata»: de la fiesta de patio al nombre de un género
  2. Las raíces de la bachata: bolero, son, guitarra campesina y serenata
  3. Música y dictadura: Trujillo, el merengue y la radio
  4. Radio Guarachita y Radhamés Aracena
  5. Del campo al barrio: migración, colmados y la música de los marginados
  6. Por qué despreciaban la bachata: clase, raza y política
  7. Doble sentido, despecho y amargue: de qué hablan las letras
  8. Las mujeres de la bachata
  9. Del margen al centro: tecno-amargue, «Bachata rosa» y la bachata de los 90
  10. Cómo se bailaba la bachata antes de la sensual
  11. Tipos de bachata: de la romántica al tecno-amargue
  12. Canciones clave de la bachata tradicional

1930–2019 · La línea de tiempo

arrastra para desplazar
  1. 1930–1961

    La música de Trujillo

    El dictador convierte el merengue de orquesta en baile nacional, prohíbe cualquier crítica y su familia controla la radio y la grabación. No hay industria del disco propia hasta 1959. La bachata no podrá grabarse hasta después de su asesinato, el 30 de mayo de 1961.

  2. 1962

    La primera bachata

    El 30 de mayo, José Manuel Calderón graba con el trío Los Juveniles «Condena / ¿Qué será de mí?», de Bienvenido Fabián, en los estudios de La Voz del Trópico. Todavía suena a bolero y lleva maracas, no güira. Pacini Hernández sitúa el disco en agosto y lo cita por «Borracho de amor»: Calderón lo pagó de su bolsillo.

  3. 60's

    Una música sin nombre

    La llaman «bolerito de guitarra», «bolero campesino», «música de guitarra» o «música popular»; nadie dice todavía «bachata». Tras el éxito de Calderón llega la primera generación: Rafael Encarnación, Luis Segura (desde 1964), Ramón Cordero, Cuco Valoy, Mélida Rodríguez, la primera mujer del género, o Blas Durán (desde 1969).

  4. 1964

    Luis Segura empieza a grabar

    El futuro «padre de la bachata» se paga su primer sencillo. Después firma con Radhamés Aracena y grabará quince LP en el sello Guarachita.

  5. 1965

    Radio Guarachita

    Tras meses de pruebas, arranca oficialmente la emisora de Radhamés Aracena, en el 690 y con el transmisor más potente del país. La guerra de abril la interrumpe y vuelve en 1966. Con su estudio, su sello, su fábrica y sus tiendas, fue casi la única que pinchaba bachata en Santo Domingo.

  6. 70's

    Censura y desprecio

    Se la encasilla como música de prostíbulos, colmados y bares de mala muerte. Hacia 1968–1970 los medios la llaman «cachivache», «música de guardia» y, al final, «bachata», con intención de rebajarla. Los músicos escondían la guitarra por la calle: a quien la sacaba le gritaban «¡Los Panchos!».

  7. 1979

    «Chiquitita»

    Leonardo Paniagua versiona a ABBA y vende más de 50.000 copias. Sus versiones de éxitos internacionales sonaban «decentes», y un programador se atrevió a ponerla en una emisora convencional, contra el criterio de su director. Aun así, nunca entró en una lista de éxitos.

  8. 80's

    Entra la güira

    Desde finales de los setenta el tempo se acelera y en los ochenta entra el ritmo del son. Los grupos tocan cada vez más merengues de guitarra y cambian las maracas por la güira, que vale para los dos ritmos, y suman la tambora. Ahí la bachata deja de ser un bolero.

  9. 1983

    Los lunes de amargue

    Edilio Paredes, Ramón Cordero y Ramón Cabrera «el Chivo sin ley» montan en El Túnel, en la avenida Venezuela, una noche fija de bachata en directo y la rebautizan «Lunes de amargue». Llegan Aridia Ventura y Oscar Olmo. Es la «fiebre de amargue», que se apaga en 1984.

  10. 1983

    «Pena»

    Luis Segura rompe la censura: su tema, muy melodramático, vende más que cualquier otro disco del mercado y es la primera bachata que suena en la FM. Lleva la bachata por primera vez a la clase media. A finales de la década, Segura empieza a tocar en Nueva York.

  11. 1987

    La guitarra eléctrica

    Blas Durán y los Peluches graban «Consejo a las mujeres», un merengue de guitarra eléctrica grabado por canales separados, con güira, bajo eléctrico y tambora. Supera las 100.000 copias. Durán ya la había probado en 1985 con «El motorcito». Se le conoce como el padre de la bachata moderna.

  12. c. 1988–89

    «Quiero andar»

    Sonia Silvestre graba las bachatas de Luis Días, con sintetizadores y un acordeón sintetizado. Vende menos de 5.000 copias, pero una cantante respetada canta bachata sin complejos. Días llama «bachata madre» a la original y «tecno-amargue» a la suya.

  13. 1991

    «Bachata Rosa»

    Juan Luis Guerra publica el disco, terminado en 1990, lleva la palabra bachata al mundo entero y gana el Grammy en 1992. Vende más de 3,5 millones de copias. Venía del tecno-amargue de Luis «Terror» Días, Sonia Silvestre y Víctor Víctor.

  14. 1991

    El giro romántico

    Anthony Santos, que era el güirero de Luis Vargas, se lanza en solitario con «La Chupadera» y devuelve la ternura a las letras. A partir de ahí la industria no ha parado.

  15. 1992

    «Voy pa'llá»

    Antony Santos triunfa primero en el circuito tradicional. Cuando Las Chicas del Can graban una versión, la FM descubre el original, que acaba siendo el mayor éxito del año.

  16. 1993

    De Bachata en Bachata

    En diciembre, Víctor Víctor organiza en Santo Domingo y Santiago los primeros conciertos que juntan a bachateros y tecno-bachateros. Raulín, de moda con «El dolor», hace bailar al público, pero la gran ovación es para Luis Segura.

  17. 90's

    La edad de oro

    Debutan Frank Reyes, Raulín Rodríguez, Joe Veras, Yoskar Sarante, El Chaval, Zacarías Ferreira, Héctor Acosta y Elvis Martínez. En 1995 aparecen Los Tinellers, que en 1999 serán Aventura.

  18. 2002

    «Obsesión»

    Cuatro primos y hermanos del Bronx cambian la estética, el público y las letras del género. Nace la bachata urbana y la media de edad de quien la escucha se desploma.

  19. 2003

    «Te extraño»

    Xtreme publica el tema que veinte años después sigue sonando en todas las pistas. El vídeo de Ataca y La Alemana bailándolo pasa de los 99 millones de visitas.

  20. 2010

    Prince Royce

    «Stand by me» y «Corazón sin cara» abren la segunda oleada urbana. Un año después Aventura se separa y Romeo Santos empieza su carrera en solitario.

  21. 2010's

    La era remix

    Los DJs pasan de la cabina al cartel y los remixes copan las sociales de bachata sensual. La discusión sobre qué es y qué no es una bachata sigue abierta.

  22. 2019

    Patrimonio de la Humanidad

    El 11 de diciembre la UNESCO inscribe la música y el baile de la bachata dominicana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.

  23. 2020

    La década de Romeo

    «Fórmula, Vol. 2» recibe el Billboard al álbum latino más vendido de la década: un disco cien por cien bachata por delante del pop latino y del reguetón.

Fuentes

  • Évelyn Viana Lovera, «La Negra», «Enseñanza de la bachata tradicional», dossier del curso de formación para profesores (2021).
  • Deborah Pacini Hernández, «Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music», Temple University Press, Filadelfia (1995).
  • Alejandro Paulino Ramos, «Bachata y son en Santo Domingo» (2017), y «Bachata: emisoras y bachateros en su historia musical».
  • Carlos Batista Matos, «Bachata: historia y evolución» (2002).
  • Marivell Contreras y José Manuel Calderón, «El primer bachatero del mundo: Calderón» (2019).
  • Julie A. Sellers, «La bachata y la identidad dominicana» (2014).
  • Máximo Jiménez, «La gran aventura de la bachata urbana» (2019).
  • Carlos Velázquez y Alejandro Ureña, «El merengue y la bachata» (2017); Euri Cabral, «El merengue y la bachata: origen, etapas y líderes».
  • Diomelo Martínez, «Grabé doble sentido para salvar la bachata», El Caribe (24 de mayo de 2014).
  • Diario Libre (17 de diciembre de 2019) y Listín Diario (18 de diciembre de 2019), declaraciones de Raulín Rodríguez y Anthony Santos.
  • Alex Wolfe y Richard Fleming, «Santo Domingo Blues: Los Tígueres de la Bachata», documental sobre Luis Vargas (2004).

Preguntas frecuentes sobre historia de la bachata

¿Quién inventó la bachata?

Nadie la inventó solo. Se toma como punto de partida la grabación de José Manuel Calderón del 30 de mayo de 1962, «Condena / ¿Qué será de mí?», aunque todavía era un bolero. Después la fueron haciendo bachata toda una generación de músicos de los barrios de Santo Domingo, como Edilio Paredes, Luis Segura o Ramón Cordero.

¿Cuál fue la primera bachata?

«Condena / ¿Qué será de mí?», de Bienvenido Fabián, grabada por José Manuel Calderón con el trío Los Juveniles el 30 de mayo de 1962 en La Voz del Trópico. Sonaba a bolero y llevaba maracas en lugar de güira.

¿Por qué se llama bachata?

Antes de ser música, «bachata» era una juerga o una fiesta de patio en los barrios. A principios de los setenta el nombre pasó a la música que se tocaba en esas fiestas, primero como insulto y después como marca. Antes se la llamó bolerito de guitarra, música de guitarra o de amargue.

¿Quién modernizó la bachata?

Hay varias versiones: Calderón, Edilio Paredes, Blas Durán, Luis Vargas, Anthony Santos y Raulín Rodríguez se atribuyen o reciben el mérito de partes distintas, como la güira, la guitarra eléctrica o el romanticismo. Lo más probable es que aportaran casi a la vez, ayudados por la grabación por pistas a mediados de los ochenta.

¿Qué fue Radio Guarachita?

La emisora de Radhamés Aracena, que emitió de 1965 a 1998 y fue la única que puso bachata de forma continua cuando las demás la vetaban. Además grababa, fabricaba y vendía los discos, y sus avisos de servicio público conectaban a los emigrados del campo con sus familias.

¿Cuándo fue declarada la bachata Patrimonio de la Humanidad?

El 11 de diciembre de 2019, cuando la Unesco inscribió la música y el baile de la bachata dominicana en su lista del Patrimonio Cultural Inmaterial.