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Música y dictadura: Trujillo, el merengue y la radio

Entre 1930 y 1961 Trujillo decidió qué música se oía, se grababa y se vendía en la República Dominicana. Convirtió el merengue en baile nacional y frenó la industria del disco. Por eso la bachata no pudo nacer hasta después de su muerte.

equipo aprendebachata ·

La bachata empieza a grabarse en 1962, un año después del asesinato de Rafael Leónidas Trujillo. No es una coincidencia. Durante 31 años, de 1930 a 1961, el dictador y su familia decidieron qué música podían tocar, escuchar y comprar los dominicanos. Entender ese periodo explica por qué el merengue es el baile nacional y por qué la bachata tardó tanto en encontrar su sitio.

Seguimos aquí el segundo capítulo del libro de Deborah Pacini Hernández, titulado precisamente «Música y dictadura».

Un dictador que bailaba merengue

Muchos dictadores controlan el ejército, la economía y la política, y dejan la cultura en paz mientras no les moleste. Trujillo no. Le encantaba bailar merengue y se metió de lleno en la vida musical del país.

En 1930 el merengue era un estilo rural más entre muchos. Convivía con la mangulina, el carabiné, el priprí o la sarandunga. El merengue de acordeón del Cibao triunfaba entre los campesinos, pero la élite cibaeña lo despreciaba por vulgar y prefería foxtrots y rumbas.

Trujillo vio su potencial político. Los campesinos eran el 82 % de la población y su principal apoyo. En la campaña de 1930 recorrió el campo con conjuntos de merengue cibaeño que cantaban sus glorias. La alta sociedad lo rechazaba por su origen humilde, y también rechazaba su música.

El merengue se viste de etiqueta

La solución fue remodelar el merengue para que sonara a poder y a modernidad. En 1936 Trujillo llevó a la capital la orquesta de Luis Alberti, Lira del Yaque. Alberti había mezclado güira, tambora y acordeón con su formación de jazz band. En 1942 la orquesta pasó a llamarse Orquesta Generalísimo Trujillo.

El resultado fue un merengue de salón, con arreglos cuidados y letras bien rimadas. Y se impuso a la élite. Un cantante de la orquesta contaba que nadie podía irse de un baile hasta que se marchara el dictador. Una vez la fiesta duró más de 24 horas. El sociólogo Teófilo Barreiro lo resumía así: quien no bailaba merengue no era dominicano.

Su hermano Petán tenía su propia orquesta, la San José, que tocaba en un salón dentro de su emisora, La Voz Dominicana. La era de Trujillo se recuerda como la edad de oro de las orquestas de merengue.

Orquesta frente a perico ripiao

El apoyo a las grandes orquestas creó una división que todavía existe. El merengue de orquesta, ligado al poder, se quedó con el nombre de «merengue». El de acordeón pasó a llamarse en la ciudad «perico ripiao» o «merengue típico». Esa separación entre la versión elegante y la versión de los pobres anticipa lo que después vivirá la bachata.

Lo que no se podía tocar

El merengue promovido venía del Cibao, una región mayoritariamente blanca. Al mismo tiempo, el régimen reprimió las músicas con fuertes rasgos africanos. En 1937 Trujillo ordenó matar a los haitianos que vivían en el país, con la excusa de proteger la frontera. Murieron miles de personas. En ese clima, tradiciones como el vodú pasaron a la clandestinidad.

Tampoco se toleraba ninguna crítica. Un compositor acabó en la cárcel por una canción llamada «La miseria». Y no bastaba con callar: había que alabar. Se compusieron miles de merengues en honor del dictador, con títulos como «Gloria al benefactor» o «Trujillo protector de choferes». Un distribuidor de discos de los cincuenta recordaba que en cualquier fiesta había que tener un disco trujillista, aunque no se pusiera.

El historiador Arístides Incháustegui relaciona ese miedo con un rasgo que después será típico de la bachata: el doble sentido. Bajo Trujillo, las palabras directas no servían, y los dominicanos se hicieron expertos en mensajes enmascarados. Lo contamos en de qué hablan las letras de la bachata.

Una radio vigilada

La radio llegó al país con la ocupación estadounidense de 1916 a 1924. En 1924 Frank Hatton fundó una pequeña emisora que en 1927 se convirtió en HIZ, la primera comercial. La emisora oficial del gobierno, HIX, es de 1928. En 1935 Trujillo creó la suya: La Voz del Partido Dominicano.

La censura era explícita, pero funcionaba sobre todo la autocensura: todo el mundo sabía lo que no se podía decir. Hay anécdotas casi cómicas. Un disc-jockey puso un disco chino que le había regalado un amigo y acabó en la cárcel. El dictador creyó que era un mensaje en clave para la oposición.

En 1942 Petán Trujillo fundó La Voz del Yuna en Bonao. Entre 1947 y 1948 la trasladó a la capital con el nombre de La Voz Dominicana. Fue la emisora más importante hasta 1961. Petán pagaba bien a los músicos y creó escuelas de locutores. Pero tenía una manía: creía que los discos solo debían sonar cuando los músicos no podían tocar en directo.

Los dominicanos también sintonizaban emisoras de Cuba, Puerto Rico, Colombia, México y Estados Unidos. La cubana era la favorita. Tras la revolución de 1959, escucharla pasó a ser delito.

Un país casi sin discos propios

La grabación fue todavía más difícil. Los músicos de Petán tenían contratos de exclusiva: no podían tocar ni grabar sin su permiso, y su emisora no grababa. Un guitarrista mayor contaba que para grabar había que pasar jurados, pruebas y años actuando en una emisora. Y aun así hacía falta el visto bueno de Petán.

  • 1928: la compañía Victor graba en HIX, pero el calor y la humedad estropean los cilindros de cera. Durante veinte años casi todo se graba en Nueva York.
  • 1944: Frank Hatton instala en HIZ el primer equipo Fairchild. Cada acetato es un original, así que apenas sirve para hacer copias.
  • 1946: Petán funda un sello, Caracol, y su hermano prohíbe importar discos. Solo salen dos discos de 78 revoluciones.
  • Principios de los 50: Hatton trae una grabadora de cinta magnética y la alquila. Nacen pequeños sellos que prensan en el extranjero.
  • 1959: abre la primera fábrica de discos del país, que según Radhamés Aracena pertenecía en realidad a la familia Trujillo. Poco después se vuelve a prohibir la importación.

Los pequeños productores sobrevivían a escondidas. Francisco Amaro cambiaba a veces los nombres de las etiquetas para que Petán no supiera quién tocaba. En 1955 fue detenido por grabar a un cantante favorito de Petán. Salió del apuro proponiéndole un negocio a medias.

Velloneras y colmados: la otra red

Si la industria nacional apenas existía, la música grabada llegaba por otro camino: las velloneras. Así se llamaban en la República Dominicana las máquinas de discos. El nombre viene de las monedas de cinco centavos estadounidenses con que funcionaban. Un cuñado de Trujillo importó miles y las instaló gratis en colmados a cambio de la mitad de la recaudación.

A finales de los treinta ya había casi 14.000 colmados para algo más de un millón y medio de habitantes. Con la vellonera se convirtieron en un lugar para escuchar música, comentarla y bailarla. Esa red será decisiva para la bachata, como contamos en del campo al barrio.

Por qué la bachata no pudo nacer antes de 1961

Con todo lo anterior, la respuesta se entiende sola. Un músico desconocido de origen rural no podía entrar en un estudio, pagar su disco y conseguir que lo pusieran en la radio. Y la música oficial era el merengue de orquesta. Los guitarristas del campo tocaban un repertorio extranjero de boleros, rancheras y sones.

Pero la dictadura dejó preparado el terreno sin quererlo. Trujillo y sus asociados se quedaron con enormes extensiones de tierra, sobre todo para la caña de azúcar. Entre 1950 y 1960 la superficie de caña casi se duplicó. Miles de campesinos perdieron su tierra y se fueron a la ciudad. Ni siquiera un decreto de 1953 que les prohibía emigrar frenó la salida.

Trujillo murió asesinado el 30 de mayo de 1961. Al desaparecer su control, abrieron estudios nuevos y cualquiera con algo de dinero podía grabar. En agosto de 1962 José Manuel Calderón pagó de su bolsillo su primer disco. Los migrantes llegados del campo eran el público perfecto para esa música.

Por qué te importa si bailas

Porque explica algo importante. En la República Dominicana, el merengue fue durante décadas el baile «correcto» y la bachata, el de los pobres. La bachata no tuvo orquesta presidencial ni salón de hotel. Creció en colmados, bares y fiestas de barrio, lejos de la mirada oficial. También explica el gusto por el doble sentido, que tantas letras bailables conservan.

Y porque la historia del merengue anticipa la de la bachata: una música rural despreciada que acaba convertida en símbolo nacional. La UNESCO reconoció la bachata en 2019, como recordamos en la breve historia. Pacini Hernández ya se preguntaba en 1995 si la bachata seguiría ese mismo camino.

Fuentes

  • Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. 5, 12, 23, 33–43.
  • Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. 44–55, 61–63, 82–83.

Preguntas frecuentes

¿Qué relación tuvo Trujillo con la música dominicana?

Controló qué se tocaba, se grababa y se vendía entre 1930 y 1961. Convirtió el merengue en símbolo nacional con orquestas de salón como la de Luis Alberti, prohibió cualquier crítica y obligó a los compositores a escribir canciones en su honor.

¿Por qué la bachata nació después de Trujillo?

Porque bajo la dictadura apenas había industria discográfica y grabar exigía el permiso de la familia Trujillo. Tras su muerte en 1961 abrieron estudios nuevos y los músicos rurales emigrados a la capital pudieron pagar y grabar sus propios discos.

¿Qué era La Voz Dominicana?

La emisora de Petán Trujillo, hermano del dictador. Nació como La Voz del Yuna en Bonao en 1942 y se trasladó a la capital entre 1947 y 1948. Fue la radio más importante del país hasta 1961 y priorizaba la música en directo sobre los discos.