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Qué significa «bachata»: de la fiesta de patio al nombre de un género

Antes de ser un género, «bachata» era una juerga de patio. En los setenta se convirtió en un insulto de clase y en los noventa en una marca de moda. La historia de una palabra que explica la música que bailas.

equipo aprendebachata ·

Hoy «bachata» aparece en carteles de festivales de medio mundo. Durante buena parte del siglo XX, en cambio, fue una palabra que se decía con desprecio. Pasó por tres vidas muy distintas. Primero nombró una fiesta. Después sirvió para rebajar una música y a la gente que la escuchaba. Al final se convirtió en una etiqueta de prestigio. Seguir ese recorrido es la forma más rápida de entender de dónde viene lo que bailas.

Este artículo se apoya sobre todo en el estudio de la antropóloga Deborah Pacini Hernández. Hizo trabajo de campo en Santo Domingo en 1986 y 1987, y volvió en 1994. Completa lo que ya contamos en la breve historia de la bachata y matiza algunas ideas muy repetidas.

Una fiesta antes que una música

En los diccionarios del español de América, «bachata» aparece como sinónimo de juerga, jolgorio o parranda. En la República Dominicana tenía además un sentido concreto: una reunión informal con música, bebida y comida. Se celebraba en un patio, en una sala o en plena calle.

Los músicos solían ser vecinos o amigos del anfitrión. A veces se traía a alguien con fama de otro pueblo. Se les pagaba sobre todo con comida y bebida, y con muy poco dinero. Lo habitual era empezar el sábado por la noche y acabar al amanecer con un plato de sancocho. Junto a ellas existían las «pasadías», fiestas de domingo por la tarde con el mismo espíritu.

En esas reuniones sonaba casi siempre música de guitarra, aunque también había conjuntos de acordeón. Esa es la clave del nombre. En los años sesenta y setenta, los músicos de origen rural empezaron a grabar su música de guitarra. Con el tiempo, la palabra de la fiesta acabó pegada a esos discos.

Dos testigos de 1927

Hay pocas descripciones antiguas, pero dos son muy reveladoras. El folclorista Julio Arzeno describió en 1927 una bachata del campo. Había un trovador con guitarra, pandereta y maracas. Se improvisaban boleros que comentaban cualquier suceso, y la gente rimaba mientras bailaba. No hacía falta teoría musical: todo se aprendía de oído.

Ese mismo año, el escritor Ramón Emilio Jiménez contó la escena con otra mirada. Para él, la bachata era un lugar donde las clases se mezclaban y reinaba una democracia ruda. En su relato aparece un cantante de «segunda» que marca el ritmo con un par de cucharas. Dice mucho que las fiestas de la clase alta nunca se llamaran bachatas.

¿De dónde viene la palabra?

Aquí conviene ser prudentes. En nuestra web hemos escrito que la palabra tiene raíz africana. Es la hipótesis más citada, pero no es la única, y los especialistas no se ponen de acuerdo. Estas son las principales:

  • Raíz africana. El periodista Juan Antonio Cruz Triffolio recoge una propuesta del cubano Fernando Ortiz. «Bachata» vendría de «cumbancha» y «cumbanchata», derivadas a su vez de «cumbé». Todas aluden a una juerga ruidosa.
  • Un nombre de música cubana. El historiador Arístides Incháustegui cita al musicólogo Odilio Urfé. Según este, hacia 1900 se llamaba «bachata» a la guaracha teatral de Santiago de Cuba.
  • Guarachas con otro nombre. El compositor dominicano Julio Alberto Hernández vio partituras de guarachas de Julio Acosta, de La Vega, de finales del siglo XIX. Tenían, según él, los rasgos rítmicos de los bachateros. Sospechaba que se llamaban guarachas para evitar una palabra mal vista.
  • Nunca fue un género. El antropólogo Marcio Veloz Maggiolo lo niega todo: en su juventud la bachata era una fiesta callejera, y la música solo la acompañaba.

Lo que sí comparten todas las versiones es lo esencial: antes de nombrar una música, la palabra nombraba una reunión festiva con baile espontáneo.

Una música que todavía no tenía nombre

Cuando José Manuel Calderón, Luis Segura o Ramón Cordero empezaron a grabar en los sesenta, nadie hablaba de bachata. A esa música se la llamaba «bolero», «bolero campesino», «música de guitarra» o, sobre todo, «música popular». Ramón Cordero lo recordaba así: entonces no se decía ni «amargue» ni «bachata», era simplemente la música del momento.

Los primeros grabadores tampoco querían inventar nada. Intentaban sonar como los discos de guitarra con los que habían crecido, de Los Panchos al Jibarito de Lares. Lo contamos en las raíces de la bachata.

Los apodos: cachivache y música de guardia

Las clases media y alta veían aquellos discos como copias toscas del bolero cubano. Pronto aparecieron los motes. «Música cachivache» la comparaba con un trasto sin valor. «Música de guardia» venía de la época de Trujillo y evocaba a soldados rasos escuchando rancheras en bares y burdeles. Había variantes todavía más hirientes, como «música cachita» o «música de guardia cobrao», por los guardias recién pagados.

Blas Durán situaba el cambio hacia 1968 o 1970. Primero llegó «cachivache» y después «música de guardia». Antes, recordaba, la música de guitarra sonaba en todas las emisoras. Edilio Paredes contaba que un locutor presentaba sus temas como «el próximo cachivache». Fue a la emisora y le pidió el disco: o le quitaba el insulto o se lo devolvía.

Cuando «bachata» se volvió un insulto

De todos los nombres, el que se quedó fue «bachata». Según la autora, ocurrió en los setenta. La palabra perdió el sentido neutro de fiesta de patio y pasó a significar atraso rural y vulgaridad. La frase típica de una casa de clase media al oírla en la radio era «¡quítate esa bachata!». «Bachatero» servía para insultar por igual al músico y al oyente.

Lo más llamativo es quién puso el nombre. Los fans del blues o de la polka bautizaron su propia música. La bachata, en cambio, no la nombraron ni sus músicos ni su público ni la industria para venderla. La nombraron quienes querían mantenerla abajo. Leonardo Paniagua lo resumía con una imagen: con esa palabra se quería tener la guitarra por debajo del saxofón del merengue.

Los propios músicos se resistían. Luis Segura decía que lo suyo era bolero romántico, música «nuestra». Paniagua llegó a pedirle a la investigadora que no usara la palabra. Ramón Cordero recordaba que, si salías a la calle con una guitarra, te gritaban «¡Los Panchos!» para burlarse.

Pero en los ochenta muchas canciones ya eran rápidas y picantes. Ya no cabían en el bolero, que era música de salón y de serenata. El público de los barrios adoptó la palabra, y los músicos acabaron aceptándola a regañadientes. Edilio Paredes lo explicó bien: no le molestaba la palabra, sino el sentido rebajado que le habían dado.

«Amargue»: el intento de cambiar de nombre

A principios de los ochenta, los bachateros más románticos probaron otra salida: «música de amargue». La palabra subraya la nostalgia y el sufrimiento. Para ellos, «bachata» quedaba reservada a la música más picante y bailable de otros. Segura decía que bachatas eran «las que corren», las rápidas.

En 1983 el amargue se puso de moda entre la clase media. Un artículo de prensa lo dejó claro: «amargue» sonaba a dolor y tristeza; «bachata», a parranda y vulgaridad. Tony Santos, de una generación más joven y con un repertorio más rápido y atrevido, no tenía problema con «bachata». Aun así, reconocía que «amargue» sonaba más decente.

Hay un matiz importante frente a lo que se suele contar. No es que primero se dijera «amargue» y después «bachata». Fue al revés: «amargue» nació como alternativa a un nombre que ya hacía daño. Y no ganó por dos razones. «Bachata» conectaba con las fiestas de barrio de siempre. Además, «amargue» no servía para los merengues, sones y rancheras de guitarra que también tocaban los conjuntos.

De estigma a marca

En su tesis de 1989, Pacini Hernández predijo algo que se cumplió muy pronto. Si la música cruzaba la barrera de clase, la palabra perdería su carga negativa. Tras el éxito de «Bachata rosa» de Juan Luis Guerra, las reservas desaparecieron. Hasta Luis Segura aceptó el término. Lo explicamos en del margen al centro.

La autora propone una distinción útil. La bachata es el género: una categoría amplia con varios estilos dentro. El amargue es uno de esos estilos, el del lamento romántico. Y la tecno-bachata o tecno-amargue es la versión de alta tecnología que hicieron músicos de clase media. Curiosamente, a Blas Durán nunca se le llamó tecno-bachatero, aunque usara guitarra eléctrica y sintetizador.

ÉpocaCómo se llamabaQuién lo decía
Hasta los años 50Bachata = fiesta de patio con músicaUso popular, en el campo y los barrios
Años 60Bolero, bolero campesino, música popular, música de guitarraMúsicos y oyentes
Finales de los 60 y 70Cachivache, música de guardia, bachata (despectivo)Medios, clase media y alta
Principios de los 80Música o canción de amargueBachateros románticos y prensa de 1983
Años 90Bachata, ya con prestigio; tecno-bachata para la versión de clase mediaIndustria, prensa y músicos

Por qué te importa si bailas bachata

Porque la palabra te recuerda que esta música nació para reunir gente con ganas de bailar, beber y celebrar. No nació en una academia ni en un escenario. Y porque el estigma explica muchas cosas. Durante treinta años la bachata se bailó lejos de los salones elegantes, en colmados, bares y fiestas de barrio. Ahí se formó su manera de moverse, como contamos en cómo se bailaba la bachata.

A veces alguien dice que una canción «no es bachata de verdad». Recuerda entonces que la discusión sobre el nombre siempre fue también una discusión sobre clase y prestigio. Conocerla ayuda a escuchar con más respeto a quienes la sostuvieron cuando nadie quería oírla.

Fuentes

  • Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. xiii–xv, 7–16.
  • Pacini Hernández, D. (1995). Bachata: A Social History of a Dominican Popular Music. Temple University Press, pp. 84–87, 116–119, 192–193, 228–229.

Preguntas frecuentes

¿Qué significaba «bachata» antes de ser un género musical?

Una fiesta informal con música, bebida y comida, en un patio, una sala o la calle. Solía durar del sábado por la noche al amanecer. Como la música de esas reuniones era casi siempre de guitarra, la palabra acabó nombrando esa música.

¿La palabra bachata es de origen africano?

Es la hipótesis más citada: vendría de «cumbancha» y «cumbanchata», según una propuesta de Fernando Ortiz. Pero hay otras, como la que la relaciona con la guaracha teatral de Santiago de Cuba, y no hay consenso entre los especialistas.

¿Quién le puso el nombre de bachata a la música?

Según Deborah Pacini Hernández, las clases media y alta dominicanas en los años setenta, con intención despectiva. Los músicos la llamaban bolero o música popular, y aceptaron «bachata» a regañadientes.

¿Qué diferencia hay entre bachata y amargue?

«Amargue» nació a principios de los ochenta para escapar del estigma de «bachata» y se aplicaba sobre todo a las canciones lentas de desamor. Hoy se usa como sinónimo, aunque se puede entender el amargue como un estilo dentro del género bachata.